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OPINIÓN | Mike Fiers no es el culpable en el escándalo del robo de señas de los Astros

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Mike Fiers puso su cara para respaldar la denuncia sobre el uso de cámaras para robar señas por los Astros de Houston en la temporada de la MLB en 2017, y parece que para muchos eso es lo único importante sobre la trampa que hicieron los siderales.

Aseguran, quién saber por cual razón, que el ahora lanzador de los Atléticos de Oakland fue cómplice de un delito y además es un soplón, un sapo, una persona en la que no puedes confiar. ¡Caramba!

Esta suerte de inquisición moral de los "puristas" es la razón para mandar a la hoguera a Fiers. Pero cojea de una pata, es selectiva, arbitraria por decir lo menos.

El razonamiento es: nadie quiere a un soplón, aunque todos sepamos que dijo la verdad. Olvidan que este era un problema conocido, que como dice el refrán "de aquellos polvos vienen estos lodos".

Antes que Fiers hablase sobre el robo de señas en los Astros el tema estaba en la palestra. Periodistas, analistas, gerentes y aficionados muy informados sabían de esta práctica ilegal con las señas y lo comentaban casi que con paranoia, era un secreto a voces, un "¡supiste lo que hacen!"

A comienzos de ese 2017 en la MLB ya existían serias preocupaciones entre los equipos porque otros que violaban las reglas, y robaban señas con aparatos electrónicos. Es decir, el problema no era menor. Para usar una metáfora: el tigre estaba sentado en la sala de la casa pero muchos hacían como si no existiera.

Otro punto que llama la atención entre quienes acusan a Fiers de "encender la pradera" es que olvidan, con razón o sin ella, que además de él otras tres personas que estaban con los Astros en 2017 confirmaron a The Athletic, en 2019, que en la comarca de José Altuve y compañía sabían por medios ilegales cual pitcheo venía para el home.

Pero esos tres decidieron no dar su nombre y Fiers, por ingenuo, por valiente, por ególatra, por llamar la atención o por quién sabe qué, fue el único que dio la cara.

También es increíble que casi nadie se asombre por las palabras de Jim Crane, dueño de la franquicia y quien aseguró que "no sabía nada" de lo que sus empleados hacían en el terreno.

¿De verdad? Es posible que uno de los hombres más ricos de Texas y tal vez de Estados Unidos era ajeno a que sus chicos hacían desastres "en el patio trasero de la casa", en el mismo año que ganaron la Serie Mundial y en el cual por lógica debía estar más al tanto que nunca de lo que pasaba en una de sus compañías.

Lo de robar señas es un problema complejo y como reza un viejo proverbio español "no podemos dejar que los árboles no nos dejen ver el bosque". Los detalles no deberían desviarnos del problema central: la trampa salió y todos se beneficiaron de ella.

Fiers fue cómplice y delator, eso es cierto. Doble condición difícil por demás. Pero solo es el eslabón débil de una cadena que forman todos los que trabajan un equipo de béisbol. No hay que matar al mensajero que da la noticia, por más terrible e insólita que sea.